• La contención es fundamental y constituye la primera función del acompañante terapéutico, cualquiera sea el momento del proceso en que se hallen los pacientes. El acompañante terapéutico se ofrece como sostén, auxiliando al paciente en su imposibilidad de delimitarse a si mismo. Acompaña y ampara al paciente en su desvalimiento, su angustia, sus miedos, su desesperanza, e incluso en aquellos momentos de mayor equilibrio.
  • El acompañante terapéutico es para su paciente un “referente”, incluyéndose como tercero, opera en el vínculo a la manera de organizador psíquico que lo ayuda a regularse.
  • Registra y ayuda a desplegar la capacidad creativa del paciente: la canalización de las inquietudes del paciente cumple un doble objetivo: sirve para liberar la capacidad creativa y tiende a la estructuración de la personalidad alrededor de un eje organizador.
  • Aporta una mirada ampliada del mundo objetivo del paciente: el acompañante terapéutico dispondrá de información ampliada sobre su modo de desenvolverse en ámbitos diversos, sobre los vínculos que mantiene con los miembros de la familia, el tipo de personas con las que prefiere relacionarse, las emociones que lo dominan.
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