Sus funciones más destacadas son:

  1. Motivar la continuidad de los tratamientos, acompañando los vaivenes emocionales del paciente en relación al mismo, haciendo presente la lógica del tratamiento en lo cotidiano del acompañado y promoviendo la resiliencia humana y la planificación de la esperanza.
  1. Favorecer el intercambio con el medio social, funcionando como un semejante con quien compartir actividades recreativas, laborales y/o educativas, ofreciendo presencias en los lugares donde el acompañado desarrolla sus actividades, realizando salidas a la vía publica y creando nuevos contextos de desarrollo para el paciente.
  1. Ofrecer un espacio de diálogo donde lo subjetivo se pueda expresar a través de la palabra, acompañando con una escucha empática.
  1. Acompañar al paciente y a su familia en sus cuadros afectivos, mediando en posibles situaciones de conflicto, apuntando a generar convergencia.
  1. Promover calidad y estilo de vida, reduciendo factores de riesgo y potenciando factores protectores.
  1. Fomentar la capacidad creativa del paciente, favoreciendo una adaptación activa y aportándole una vía de expresión.
  1. Favorecer el  desarrollo de las potencialidades sanas del paciente, potenciando las posibilidades y capacidades  del sujeto y apoyando en lo anímico y lo concreto la realización de actividades.
  1. Cooperar con la construcción de una cotidianidad y un vínculo beneficioso para el paciente, otorgando un espacio más de producción subjetiva.
  1. Facilitar las condiciones que le permitan el diseño de hábitos sanos.
  1. Limitar en situaciones interpersonales en donde el paciente pueda resultar perjudicado.
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